Trailers y Estrenos |
- Lealtades
- 'La gran belleza' triunfa en los European Film Awards
- Denzel Washington es 'el ecualizador', la imagen de la semana
- Disney: 'Pinocho', de David Hand
- Nacho García Velilla dirigirá 'Perdiendo el norte'
- Alfred Hitchcock: 'Náufragos', el riesgo
| Posted: 08 Dec 2013 05:58 AM PST
A mi todo esto me parece un poco falso, pero no una falsedad obvia, sencilla, muy clara sino una que es fruto de un montón de confusiones, de coyunturas que provienen del surgimiento de una nueva cultura y del crecimiento de una nueva generación. Hasta aquí, nada que no diéramos por sabido o más o menos observado. Lógicamente, quienes admiran una historia en su formato original, en este caso los tebeos, buscan preservar lo que juzgan como su esencia, y creen, ingenuamente, que el cine, un medio de comunicación, se quiere comunicar con ellos solamente cuando se escoge ese material. Sorprendentemente, han logrado mayor espacio del que uno esperaría. En el otro extremo, quien más bien espera que la historia sea accesible a todo tipo de públicos y se comprenda perfectamente, dado que la gracia de la película, que lleva dos horas y suele ser una actividad pasiva de lo más placentera, es que logre alcanzar a una audiencia que se presume mayoritaria. Entre estas dos posiciones, ha surgido un nuevo discurso, un discurso progresista podríamos decir, que hace de intermediario, que dice comprender las esencias del tebeo y que genera discursos separando entre cuales sí y cuales no, es decir, qué películas son más o menos respetuosas con las esencias. Sin embargo, este no es un caso aislado, sino extendible a todo cuanto sucede con las demás adaptaciones. Cada vez que aparece un tráiler, se trazan discursos hablando de la importancia de tal o cual historia – pues los tebeos cuentan con décadas de sagas a sus espaldas – y de lo infame que resulta tal o cual cambio. La pataleta de los sabelotodos esconde no solamente un elemental sentido irreal (pues un cómic es muy barato, como cualquier cosa que se produzca en papel, y el cine es enormememente caro) sino también una concepción equivocada de la tradición. Marvel y DC son, como todo el mundo sabe, compañías, y sus personajes son propiedad de la compañía, no de sus creadores. Este elemento define bastante bien el perfil industrial de sus tebeos. Bien. Una posición – deseable, incluso bastante justa – que recuerde a los escritores la imaginación o los elementos clave de los relatos, o sus significados, no está mal. Pero no debe uno ponerse milimétrico, o corremos el riesgo de, además de ser estomagantes y pesados, perdernos la esencia misma de la creación, que puede verse como un juego con la tradición. En este caso, prácticamente todos los superhéroes principales (Superman, Batman, la patrulla X, los cuatro fantásticos) cuentan con suficientes y muy diversos materiales como para ser razonablemente imaginados de muchas maneras. Pero ¿por qué basarse en una línea concreta, como solicitan inconscientemente muchos seguidores, y no tomar lo mejor de ellas, sin dañar la coherencia? A riesgo de ser considerado heterodoxo, uno de los elementos que más me gustó de Los increíbles (The Incredibles, 2005) fue que, precisamente, era una película de después de un montón de tebeos y concepciones. Su villano era, no es casualidad, un pesado, obsesivo y mediocre fan que perseguía al héroe protagonista, rasgo que compartía con la magnífica y reflexiva (y en su momento altamente incomprendida) ‘El Protegido’ (Unbreakable, 2000). Con esto no llamo a la celebración desaforada de toda película espectacular, sospecho y creo que el género está dando muestras de sus obvias limitaciones en su forma cinematográfica y que por fin el huracán del hype se está deshinchando ofreciendo perspectiva. Precisamente, por eso sería conveniente que juzgáramos y analizáramos las soluciones narrativas, las representaciones, las argucias, en definitiva, la imaginación y que no le pusiéramos, otra vez, barreras. - |
| 'La gran belleza' triunfa en los European Film Awards Posted: 08 Dec 2013 04:25 AM PST Una gran temporada de cine europeo se cerraba anoche en Berlín con la entrega de los 26º Premios del Cine Europeo en la que el cine italiano fue el gran protagonista. Y es que, la Academia del Cine Europeo, presidida por el realizador alemán Wim Wenders, decidió que la fantástica ‘La grande belleza’ (‘La grande bellezza’, 2013, Paolo Sorrentino) se hiciera con el premio gordo a la mejor película, así como el de mejor director, mejor actor —Toni Servillo— y mejor montador. Por otro lado, la danesa ‘Amor es todo lo que necesitas’ (‘Love is all you need’, 2012, Susanne Bier), conseguía el mismo galardón en el apartado de comedia, ‘The Congress’ (id, Ari Foldman) en el de animación y ‘The Act of Killing’ (id, Joshua Oppenheimer) en documental. El resto de premios fueron bastante repartidos. Veerle Baetens recogía el premio a la mejor actriz por su descorazonador retrato de madre que ha perdido a su hija en la belga ‘The Broken Circle Breakdown’ (id, Felix van Groeningen), François Ozon recogía otro premio más al mejor guión por ‘En la casa’ (‘Dans la maison’, 2012) y e maestro Ennio Morricone se hacía con la mejor banda sonora —claro, ¿quién se atreve a competir con él?— por ‘La mejor oferta’ (‘The Best Offer’, Giuseppe Tornatore). Además, el cine español no se fue de vacío y es que Paco Delgado añadía otro premio a su estantería por su trabajo de vestuario en ‘Blancanieves’ de Pablo Berger y Pedro Almodóvar recibía el premio a la aportación al cine internacional. Vía | European Film Academy - |
| Denzel Washington es 'el ecualizador', la imagen de la semana Posted: 08 Dec 2013 03:07 AM PST Como ya va siendo costumbre en fines de semana, aquí os traemos una imagen destacada sobre el mundo del cine que apareció recientemente en Internet. En esta ocasión, como podéis ver, se trata de Denzel Washington en la primera foto oficial de ‘The Equalizer’ (2014), la adaptación a la gran pantalla de una popular serie de TV de los años 80 creada por Michael Sloan y Richard Lindheim, conocida aquí en España como ‘El justiciero’ (‘The Equalizer’, varios, 1985-1989). Richard Wenk firma el guion, sobre un hombre de misterioso pasado, Robert McCall, que vigila las calles de Nueva York resolviendo asuntos injustos… De la puesta en escena se ocupa Antoine Fuqua, director de ‘Día de entrenamiento’ (‘Training Day’, 2001) o ‘Objetivo: La Casa Blanca’ (‘Olympus Has Fallen’, 2013), y acompañando a Washington en el reparto encontramos a Chloë Grace Moretz, Melissa Leo, Marton Csokas, Haley Bennett, Johnny Messner y Robert Wahlberg, entre otros. A priori no suena nada especial pero hay ingredientes para que resulte algo por lo menos entretenido, ¿no os parece? Columbia Pictures estrenará ‘The Equalizer’ en Estados Unidos el 26 de septiembre. PD: Nicolas Winding Refn y Rupert Wyatt estuvieron vinculados al proyecto antes de caer en manos de Fuqua. Vía | DarkHorizons - |
| Disney: 'Pinocho', de David Hand Posted: 08 Dec 2013 01:34 AM PST Adaptación de los cuentos sobre un niño de madera que Carlo Lorenzini, el verdadero nombre de Carlo Collodi, había publicado en los años ochenta del s.XIX, ‘Pinocho’ (‘Pinocchio’, David Hand, 1940) fue el segundo largometraje producido por Walt Disney y, a día de hoy, sigue ocupando una envidiable posición como uno de los tres mejores que la compañía del ratón Mickey ha completado a lo largo de su fecunda trayectoria. Tanto es así que, como veremos en el desarrollo de la entrada, resulta asombroso tanto el nivel que los animadores y técnicos responsables de la filmación del filme como la maestría narrativa de la que el metraje hace gala de principio a fin. Podría pensarse que la decisión de embarcarse en la traslación de los cuentos de Collodi a la gran pantalla fue llevada a cabo por Disney tras el descomunal éxito que el visionario artista consiguió con ‘Blancanieves y los siete enanitos’ (‘Snowhite and the Seven Dwarfs’, David Hand, 1938), pero lo cierto es que, con el nombre registrado en 1934, las primeras reuniones que “tito Walt” mantuvo con su equipo artístico —aquellas míticas en las que narraba la película de principio a fin a sus artistas encarnando a todos los personajes— de cara a la producción de ‘Pinocho’ datan de 1938. Disneyzando un cuento para adultosSi hay algo que siempre se ha achacado a Disney, desde su primer largometraje, eso ha sido la notable infantilización de las historias que ha querido contar y la constante introducción —muchas veces con calzador— de esos valores que todos los niños deberían tener presentes a lo largo de su formación. Como siempre pasa, los hay que han abrazado esta forma nada velada de adocenamiento infantil como un elemento fundamental en sus vidas y en la de su prole. Otros, como el que esto suscribe, lo han aceptado como una molestia sin relevancia que nunca ha conseguido arrastrar por el fango los magníficos resultados artísticos de las cintas de la compañía. Y después están esos que tanto ruido hacen y que desde el principio sintieron la necesidad de hacerle propaganda gratuita a los títulos de la casa con afirmaciones como la que sigue: Para mucha gente, la imagen del muñeco de madera la estereotipó Walt Disney. Y creo que si alguien consiguió hacernos desagradable la figura de Pinocho, fue Disney; con su almibarada fantasía y omnipresente sadismo, toda figura de la literatura infantil que tocó Walt Disney quedó corrompida para siempre en la mente de los niños que la sufrieron. Esta afirmación, que formó parte de la nota preliminar que Mª Esther Benítez escribió para la edición de ‘Las aventuras de Pinocho’ publicada en 1972, deja claro que las pasiones que la productora ha levantado a lo largo de las décadas lo han hecho en términos exacerbados en un extremo y otro. Y si bien es cierto que muchos y muy radicales fueron los cambios que Disney y los siete guionistas acreditados introdujeron sobre el texto original — en el libro Pinocho tiene conciencia desde que es un tronco de madera y, por ejemplo, aplasta al grillo sin piedad tras escuchar sus consejos— también lo es que la idea original del relato y su estructura se mantienen intactos en la cinta, fijándose más ésta en el potencial de los personajes de cara a su gran adaptabilidad a la idiosincrasia ideológica del estudio que a la personalidad de los mismos descrita por Collodi. Cuando la perfección era normaDejando atrás inanes debates sobre la idoneidad del mensaje y la moralina que se deriva de los filmes de Disney —unos debates que se dirimen fácilmente en la aceptación o no de los valores de la casa—, no podríamos acometer un texto sobre ‘Pinocho’ sin hacer obligada referencia a la alucinante perfección técnica que la cinta destila de principio a fin. Y ya sé que lo he dicho unos párrafos más arriba pero, a riesgo de parecer reiterativo, permitidme remarcar que estamos ante el segundo largometraje salido de los estudios de animación. Vamos, que haciendo una comparación facilona, ya quisiera Dreamworks que ‘HormigaZ’ (‘AntZ’, Eric Darnell, Tim Johnson, 1998), su primera producción, atesorara los espectaculares valores que cuarenta y ocho años antes había alcanzado la historia de éste singular niño de madera. De la misma forma que pasara con ‘Blancanieves…? —y como sucederá de nuevo en ‘Fantasía’ (‘Fantasia’, VVDD, 1940)— el mimo y esmero puesto por los animadores tanto en la concreción de las figuras en movimiento como en los fondos con los que éstos van interactuando es de una solidez a prueba de bombas: con la fuerte influencia que ejerció el artista sueco Gustaf Tenggren —que abandonó la producción antes de su finalización y nunca fue acreditado por su trabajo— en el diseño, y el cambio de localización de Italia a Centroeuropa determinado por éste mismo, el cuidado por el detalle se observa de forma temprana en los primeros planos de la casa de Gepetto, el carpintero que creará a Pinocho con la esperanza de que algún día pueda ser un niño de verdad. Ya en ellos muestra la cinta un gusto exquisito y una voluntad férrea por sorprender al espectador a cada instante con detalles que van en ocasiones mucho más allá de lo que el ojo poco atento puede llegar a percibir, y el paseo por la estancia en la que habita el bondadoso “padre” del personaje central es un recorrido en el que hasta el más pequeño elemento está diseñado para permanecer en la memoria. Con este patrón inicial prolongado a lo largo de toda la cinta en cada uno de los escenarios en los que transcurre la acción —atención especial merecerían el carro de Stromboli o la totalidad de la secuencia submarina— es no obstante en la forma en la que estos “fondos” se relacionan con el movimiento donde encontramos los momentos de mayor maestría visual del metraje. Aquí habría donde detenerse a placer, desde la secuencia inicial, visualizada mediante la perspectiva de Pepito Grillo —con la cámara dando pequeños saltos hacia la casa de Gepetto para así simular el efecto del avance del personaje—, hasta las mil y una maravillas que aguardan al espectador bajo el mar, pasando por el plano que nos acerca al despertar del pueblo y que años más tarde rescatará ‘La bella y la bestia’ (‘Beauty and the Beast’, Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991), la terrorífica transformación de Polilla en asno o, por supuesto, el alucinante picado secuencial que sigue a Pinocho, Juan y Gedeón por la calle principal y que en su poco más de medio minuto es asombrosa combinación de muchos de los parámetros por los que siempre se han identificado las cintas de los estudios. ‘Pinocho’, la magia del hada azulMuchas son las ideas que podríamos apuntar en este tramo final de la entrada acerca de ‘Pinocho’, y todas ellas vendrían a estar relacionadas de un modo u otro con el carácter impertérrito de la segunda producción de Walt Disney al paso del tiempo. Y digo de un modo u otro no sólo por haber resistido casi mejor que cualquier otro “clásico” de la compañía el transcurrir de los años se la observe desde dónde se la observe, sino porque su influencia en el séptimo arte es incuestionable y va más allá del mero hecho cinematográfico, trascendiendo su carácter fílmico y convirtiéndose en un icono ineludible de la historia del cine. Sí, sé que utilicé un discurso cuasi idéntico a la hora de referirme a ‘Blancanieves…’, pero lo cierto es que tanto ésta como ‘Pinocho’ son dos de los ejemplos más evidentes, no ya del cine Disney, que también, sino de lo que servidor entiende por definición de clásico —así, sin comillas que aludan a que la productora siempre haya calificado a sus filmes de tal manera—: ambas atesoran cualidades que no entienden de épocas, modas pasajeras o tecnologías, y la simple universalidad de su mensaje —no creo que a estas alturas haga falta abundar en cuál es la que se deriva de ‘Pinocho‘— es de una contundencia tal que sigue hoy tan vigente como hace setenta años. Con todo ello, está muy claro que si algún reparo tenía en calificar a ‘Blancanieves…’ de Obra Maestra —reparos que tenían que ver con la parquedad en la definición de algunos personajes—, no voy a arredrarme a la hora de señalar a ‘Pinocho’ como uno de los tres —o cuatro— pináculos que Disney nos ha ofrecido desde sus comienzos, un filme que no se desgasta por mucho que vuelvas a verlo, que sigue emocionando y manteniendo en tensión tras su enésimo visionado y que, además, ostenta una influencia incuestionable en el cine que vino después de él. Y si a tal respecto cabrían multitud de ejemplos, me quedaré con dos que vienen del mismo nombre y apellido y que resultan tan fundamentales para entender la historia del cine como la propia ‘Pinocho’. El nombre, Steven, el apellido, Spielberg, las dos cintas, las magistrales ‘Encuentros en la tercera fase’ (‘Close Encounters of the Third Kind’, 1977) e ‘Inteligencia Artificial’ (‘Artificial Intelligence’, 2001): en la primera encontramos un final en el que el cineasta instó a John Williams a introducir el ‘When you wish upon a star’ como parte del soberbio clímax musical que acompaña al despegue de la nave nodriza. ¿Y qué decir de la segunda? Pues que, mal que le pese a sus muchos detractores, se trata de uno de los cinco mejores títulos del cineasta y una acongojante vuelta de tuerca sobre la historia del niño artificial que quería ser real. - |
| Nacho García Velilla dirigirá 'Perdiendo el norte' Posted: 07 Dec 2013 02:57 PM PST La serie de televisión ‘7 vidas‘ (Varios, 1999-2006) fue el gran trampolín de la carrera de Nacho García Velilla, quien repetiría éxito años después al crear ‘Aída‘ (Varios, 2005-En emisión), su spin-off. Sin embargo, no tardó en entrarle el gusanillo por probar fortuna en la gran pantalla, habiendo rodado hasta la fecha dos triunfos comerciales —artísticamente ya es otro cantar— como ‘Fuera de carta‘ (2008) y ‘Que se mueran los feos‘ (2010). Tras esta última volvió a centrar sus esfuerzos en la televisión con escasa fortuna, por lo que ya prepara su tercer largometraje titulado ‘Perdiendo el norte‘. Protagonizada por Julián López —antológico su Juancarlitros de ‘No Controles‘ (Borja Cobeaga, 2010)—, Blanca Suárez, Yon González y José Sacristán, ‘Perdiendo el norte’ se centrará en una relación amorosa con el problema de la fuga de cerebros en nuestro país por la crisis económica que estamos padeciendo —y que va camino de dejar de ser una crisis para convertirse en la nueva realidad española—. El objetivo es tener la película lista para poder estrenarla antes de finales de 2014, por lo que seguro que acaba colándose en la lista de los títulos más taquilleros de nuestro cine del año que viene. Vía | El blog del cine español - |
| Alfred Hitchcock: 'Náufragos', el riesgo Posted: 07 Dec 2013 01:08 PM PST ‘Náufragos’ (‘Lifeboat’, Alfred Hitchcock, 1944) supone el primer film del maestro que representa un riesgo, por cuanto la historia —en la que participaron el propio director, Ben Hectch, Jo Swerling y John Steinbeck, de quien el director quiso que hiciese todo el guión— se desarrolla enteramente en un bote salvavidas y la cámara jamás sale de dicho bote. El realizador británico se había paseado por los despachos de Hollywood con esa idea, pero todos lo habían rechazado, ya no sólo por la dificultad técnica que representaba sino por su peligrosa ideología. Eran tiempos de guerra y el cine estadounidense se preocupaba en aquellos años de relatar historias propagandísticas que levantaran el ánimo de la nación, y vieron en la historia de ‘Náufragos’ todo lo contrario. Incluso el propio productor, Darryl F. Zanuck temía lo peor cuando al regresar de viaje vio el material que tenía ya hecho Hitchcock y que fue mal entendido por buena parte de la crítica. Según el propio director, su idea era la de realizar un estudio sobre las historias psicológicas en el cine, a través de primeros planos y planos medios en la mayor parte de su metraje, adelantándose a lo que más tarde explotaría hasta la extenuación el medio televisivo. No nos encontramos ante un film de suspense en el sentido literal de la expresión, aunque no faltan en el mismo instantes en los que haya algo de ese género que tan bien supo tratar Hitchcock. También es uno de los pocos en la etapa americana del maestro que no está protagonizado por un actor muy famoso —muchos estaban en el frente—, salvo quizá Tallulah Bankhead, quien protagonizó todo tipo de anécdotas en el rodaje, como por ejemplo llamar la atención del resto de actores por no llevar ropa interior —me imagino a don Alfredo bromeando al respecto con su calenturienta mente— o mirarles por encima del hombro por haber llegado más alto que ellos. Curioso cuando en la película todos dan muestras de una perfecta compenetración. (From here to the end, Spoilers) ‘Náufragos’ narra la historia de un grupo de supervivientes de un barco tras haber sido torpedeado por un submarino alemán, que a su vez también es destruido. Tras el típico travelling descriptivo con el que casi siempre empezaba sus películas, Hitchcock nos muestra a la primera persona que ocupa el bote, Connie (Bankhead), una escritora que tal y como va vestida es la persona que menos se imaginaría uno en un bote salvavidas y que marca un fuerte contraste con el resto de supervivientes que van llegado a lo que será su tabla de náufrago en los siguientes días. Una mujer impecablemente vestida y maquillada, con zapatos de tacón y todo, una mujer que encuentra en la guerra un beneficio propio al dedicarse a escribir sobre ello. El resto de personajes marcan cada uno una ideología, y el interés de la función está en ver cómo se las arreglan para sobrevivir en un marco tan agobiante y pesimista. Mientras suceden varios episodios terribles, como la muerte del bebé de una de las supervivientes (Mary Anderson) —un instante muy duro, y no digamos en aquella época, pero de una fiereza absoluta—, la amputación de la pierna de uno de ellos (William Bendix), la disminución de alimentos y agua, el film se centra en el enfrentamiento psicológico entre todos y uno de los supervivientes a los que recogen, y que resulta ser uno de los alemanes del submarino nazi. Poco a poco, escondiendo sus ases en la manga —al resto de personajes, no al espectador, acrecentando así la tensión—, se va haciendo con el control del bote demostrando incluso conocimientos muy superiores a los demás en navegación, algo que es de una coherencia total, puesto que el alemán era además el capitán del submarino. A pesar de que todos los actores están muy bien —a excepción quizá de Canada Lee, que interpreta un personaje demasiado lineal y típico— es Walter Slezak quien se lleva la palma como el nazi. Mientras intenta ganarse al resto derrocha simpatía y cuando descubre sus verdaderas cartas la mezcla de maldad y buen humor —canta mientras maneja el bote— se hace patente en la mejor tradición de los personajes malvados del cine de Hitchcock. Cuando se estrenó la película a muchos no les gustó la idea de que un nazi fuera superior a los demás en ese bote de supervivientes, y que en realidad es un microcosmos reflejo de lo que era el mundo por aquel entonces. No entendieron que el resto de personajes estaba a merced de alguien preparado a fondo para las más diversas adversidades. Una clara alegoría hacia la situación mundial en aquellos años, con un país, Alemania, arrasando con todo lo que encontraba a su paso, y el resto, que tardaron en entender que era necesario unirse para acabar con un enemigo tan decidido y capaz de los mayores horrores. Con todo, Hitchcock le da la vuelta a la situación y llegado el momento en el que los demás, hartos y traicionados por el alemán lo asesinan a sangre fría, un instante que el director filma desde la distancia para representar lo que parece una jauría de perros rabiosos. El mensaje está claro, no sólo los nazis son capaces de los más grandes horrores, cualquier ser humano puede cometerlos en situaciones límite. No demasiado publicitada por interés de Zanuck, algo por lo que Hitchcock se sintió traicionado no volviendo a trabajar jamás con él, el film no fue bien recibido por lo antes comentado, incluso alguna voz crítica le auguró la vida de una semana en cartelera. Una vez más el paso del tiempo ha desvelado un trabajo de dirección excelente —fue nominado al Oscar, aunque eso en realidad no significa nada— que supo dotar de ritmo e interés una película ambientada en un bote, el cual jamás es enfocado desde lejos para aumentar así la sensación de angustia entre los personajes. Se cuela una historia de amor forzada y afortunadamente poco tratada, un personaje de color inaudito en la filmografía de Hitchcock y algún instante un tanto mal resuelto —el de la pesca—, pero son males menores en un film intenso, que una vez más ahonda en la naturaleza humana y la necesidad de reconocer y combatir el verdadero Mal. Especial Alfred Hitchcock en Blogdecine: - |
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